La inclusión de las humanidades en el orden de saberes concernientes a loque, desde 1970 hasta 2023, se conocía como Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), para convertirse en el actual Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), ha sido una decisión de gran relevancia, de cara al futuro de las diversas expresiones del conocimiento en el país.
Como sucede con toda iniciativa innovadora, esta que a lo largo de varios años ha venido impulsando la actual administración del referido organismo, encabezada por la doctora María Elena Álvarez-Buylla, ha suscitado y sigue generando diversas reacciones e impone nuevas exigencias.
Para no ir demasiado lejos, la sola promulgación de la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (lghcti), que funda jurídicamente la mencionada transformación institucional, despierta el interés y el juicio crítico tanto sobre la equiparación de las humanidades con lo que cierta tradición entronizó como La Ciencia, como en torno a las referencias epistémicas que permiten pensar en una pluralidad de ciencias, el compromiso social de la nueva producción y del fomento de los diversos saberes, la libertad de investigación heurística, el derecho fundamental a acceder a todo saber riguroso y tantos otros asuntos análogos y vinculados con estos.
Es lógico, en consecuencia, que el Conahcyt consolide y socialice la labor de cambio estructural que ha desembocado en su propia configuración como núcleo renovado del Sistema Nacional de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, por medio del despliegue continuado de la reflexión y el diálogo en torno a sus fundamentos teóricos, sociales, políticos, legales y demás.