La historia de nuestro Trujillo brilla con luz incandescente, emergiendo aquel gran tribuno civil como lo fue Ricardo Labastida.
Nació en el pueblo de Mendoza del Valle del Momboy o Bomboy, como ustedes lo prefieran, en el año de 1800, en la Hacienda “San Francisco”. Sus antepasados los conquistadores españoles Francisco de Labastida y Sancho Briceño.
Este magistrado trujillano caminaba cojeando por haber sufrido fracturas en una de sus piernas en el terremoto de Mérida cuando tenía doce años.
Era hijo de Francisco Labastida y Asunción Betancourt y al morir su padre en 1813, queda bajo la protección de Gregorio Fernández Carrasquero, que era Administrador de los bienes de la familia, con quien su mamá se casó en 1820.
El joven mendocino estudio en el Seminario Conciliar de Mérida y se recibe de Doctor en Derecho Civil en la Universidad de Caracas el 14 de septiembre de 1828. De una vez participó en la lucha política y en el ejercicio del Derecho.
Ejerció la gobernación de la Provincia de Trujillo desde 1829 hasta 1832, diputado a la Convención Nacional en 1858 y fue escogido para tratar con el Almirante británico Doweton, los asuntos de Venezuela con Inglaterra.
Fue un personaje destacado en la alta política en Trujillo y como representante al Congreso de 1830, estuvo de acuerdo en la separación de Venezuela de la Gran Colombia, ya que así nuestro se liberaría del nepotismo de Maracaibo.
Ya en el Congreso de 1830 recuerda que Trujillo debe estar representada en el pabellón patrio, por ser una de las Provincias que unidas declararon la Independencia de Venezuela. Pidió el rescate de los puertos de Moporo, La Ceiba y La Ceibita, que son devueltos a Trujillo. Cuando nuevamente quería la incorporación de estos lugares trujillanos siempre encontraron la voz de protesta de este gran magistrado trujillano, defendiendo la autonomía de su tierra.
Desde su tribuna en el Congreso Nacional con su verbo valiente, desarticulo los intentos del Zulia para anexionarse a Trujillo, enfrentándose a un tribuno Manuel María Carrasquero, que abogaba por la anexión.
Un año después es nombrado Gobernador, pero renuncia para dedicarse a su profesión, también cuando surge el conflicto con Francia por la violación de su Delegación, donde se encontraba refugiado el expresidente Monagas.
En enero de 1836 se efectúa el juicio contra Pedro Carujo que había participado en la “Revolución de las Reformas”, el Tribunal nombra a Labastida, como defensor, quien objeta la sentencia de muerte contra Carujo, ya que el procesado no se le podían aplicar las ordenanzas militares que establecían dicha pena.
La sentencia no se puede ejecutar ya que Carujo muere antes de la ejecución.
Labastida fue Rector del Colegio Nacional de Trujillo, que al tiempo tuvo que renunciar por sus ocupaciones como político y abogado, pero antes realiza una brillante y extensa labor educativa y cultural, dejando una huella profunda en la juventud.
En 1848 se une a las fuerzas que en Trujillo apoyan el levantamiento del General Páez contra el Presidente José Tadeo Monagas, siendo vencidos y acusados de conspiración; entre ellos Labastida y José María Perozo; pero a los días el gobierno dicta una Amnistía a favor de los trujillanos.
Diez años después participaría en la Convención Nacional de Valencia, en el mes de julio, al tiempo es nombrado como Diputado por el Congreso para buscar un arreglo con los representantes franceses e ingleses que habían bloqueado con barcos de guerra nuestras costas para exigir el cumplimiento del Protocolo Urrutía.
Este fue un documento entre el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Wenceslado Urrutía representantes diplomáticos España, los Países Bajos, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, los Países Bajos y Francia.
Ricardo Labastida no tuvo solamente una actividad política y jurídica, también el trujillano tuvo una destacada carrera como periodista y escritor, entre sus obras se destacan: “Compendio Histórico de la Expedición de la Columna Petit por la Provincia de Mérida (Mérida 1861) y Vidas de los Obispos de Mérida.
Este mendocino fue un gran Humanista, gran lector de los clásicos latinos, franceses y españoles, además de un cultivador de las ciencias físicas y matemáticas, de la astronomía y la cosmografía.
En el año 1868 fue Secretario General de Gobierno con el Presidente de Trujillo, General Trinidad Baptista y en el año de 1876 se apaga la vida del egregio varón trujillano.