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Billo Frómeta

por | Nov 15, 2025 | RESEÑAS

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Un día como hoy, 15 de noviembre de 1915, nace en Santo Domingo (República Dominicana) el extraordinario músico, compositor y director de orquesta Luis María Frómeta Pereira, mejor conocido como Billo Frómeta.

Desde muy joven se inicia en la música, tocando clarinete y saxofón, además de ser director y fundador de agrupaciones musicales en su tierra natal. A finales de los años 30 se traslada a Caracas (Venezuela) y se dedica a la fundación de una orquesta que dieron por nombre Billo´s Happy Boys en donde adquiere renombre nacional, agrupación que es el germen de lo que sería la famosa Billo´s Caracas Boys. Participando en las animadas fiestas que se daban en el país junto a la reconocida orquesta Los Melódicos del empresario y director de la agrupación, Renato Capriles.

Entre los músicos y cantantes que pasaron por las orquestas que fundó Billo podemos recordar a Víctor Piñero, Alberto Beltrán, “Cheo” García, Felipe Pirela, o “Memo” Morales, José Luis Rodríguez, Rosalinda García, Ely Méndez, entre muchos otros.

Para el día 28 de abril de 1988 se le programa un homenaje en el Teatro Teresa Carreño con motivo de sus 50 años de vida artística en Venezuela, en el cual sería el actor principal dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Venezuela; el día anterior del evento y durante uno de los ensayos es ovacionado por los asistentes al ensayo lo que lo emocionó de tal manera que le causó una hemorragia cerebral, desplomándose en el Teatro, perdiendo la conciencia, cuestión que lo lleva a la muerte el 5 de mayo, luna semana después del suceso.

Sus restos fueron velados en el Concejo Municipal de Caracas y su sepelio fue acompañado por miles de admiradores de su arte musical haciéndole una hermosa despedida a ese inigualable músico.

RECORDANDO A BILLO EN EL TOCUYO

Ya en los años 60, Billo Frómeta tiene un reconocimiento a su sobresaliente actividad musical y se pasea por todas las ciudades y pueblos de Venezuela, para participar como director de su recordada orquesta y ser el centro de atracción de las celebraciones que se llevaban a cabo en esos espacios.

El Tocuyo, no podía faltar, sería una de las ciudades en las que, con frecuencia, teníamos la presencia de aquella reconocida Billo´s Caracas Boys. Los organizadores de las fiestas más representativas del pueblo como: el 7 de diciembre en el aniversario de la Fundación de El Tocuyo, los Carnavales, las Graduaciones de Bachilleres del Liceo Eduardo Blanco, las celebraciones de las Fiestas Patronales en honor a nuestro Patrono San Antonio de Padua los 13 de junio o cualquier otra festividad que se considerara sobresaliente, era suficiente para tener el honor de que la Billo´s Caracas Boys, que muchas veces compartiendo con Los Melódicos, serían los protagonistas principales del momento. Esas fabulosas fiestas se daban en el Club Concordia, pues éste era uno de los pocos sitios con las condiciones necesarias para llevar un evento de tal naturaleza.

Ya los movimientos se sentían el día anterior a la fiesta programada, pues llegaban los transportes con los músicos y sus instrumentos, que bajaban en el Club, mientras los músicos se trasladaban a los hoteles que tenían las mejores comodidades, como lo eran “El Venecia” y “El Bosque”.

Nosotros, jóvenes al fin, no nos perdíamos de aquellas fiestas que se daban en los amplios salones del Club Concordia, aunque a veces el pago por la entrada fuese algo costoso, pues representaba una erogación de dinero que muchos de nosotros no podíamos sufragar; por lo que los asistentes al evento fuesen de cierto nivel económico. Por tal motivo, era frecuente que alguno de nosotros recurriéramos al viejo expediente de “colearnos” por la pared de la calle lateral al Club, brincando la cerca y, luego de una buena sacudida del flux, nos presentábamos como si no hubiese pasado nada. Aunque en una oportunidad, los administradores del Club, en vista de que la fiesta era muy importante, se dieron a la tarea de pintar las paredes de los alrededores con pintura a base de cal, los que trajo como consecuencia que algunos, no pudiéndose limpiar el traje negro de la delatora cal, fuesen echados afuera nuevamente.

Recuerdo la amplia pista de baile con dos grandes canchas de bolas ubicadas lateralmente que servían de lugar propicio para acomodar la inmensa cantidad de mesas para los invitados y el tremendo bar que quedaba al centro del Club en donde se sentía aquel inmenso trajín del ir y venir de los mesoneros para la distribución de las bebidas y licores a las diferentes mesas.

Es bueno recordar que muchos muchachos participaban “voluntariamente” en el Orfeón de Liceo o de la Casa de la Cultura, para que les regalaran un flux negro nuevo y a la medida elaborado por sastres de reconocida solvencia local, como los recordados Marcial Quiroga y mi apreciado vecino Manuel Felipe Pérez “El Mudo”. Mientras que otros tratábamos de comprar el traje reuniendo dinero con mucho sacrificio, haciendo algunos trabajos ocasionales y con la lógica ayuda de nuestros padres, para poder participar en aquellos animados bailes.

Entre los que estábamos con frecuencia en aquellos acontecimientos, recuerdo a los dos Ramones, Vladimir, Raulito, Efrén, Oswaldo, Juan, Edgar, Franklin, Rafael Enrique, “El Pollo”, Arístides, Frank y Omar, ya sea con entrada legal o “coleado”. Luego de pasar al Club nos ubicábamos en sitios estratégicos para visualizar a las muchachas con quienes quisiéramos compartir, de tal manera que sus padres no sintiesen nuestra presencia.

Mientras que las bellas y animadas jóvenes del lugar se vestían con sus mejores trajes de gala y eran llevadas a la fiesta por sus padres o representantes.

En cada fiesta se sucedían acontecimientos que quedarán para un bello recuerdo, como aquella vez que “Cheo” García le firmó el armador que vestía la animada “Negra” Orozco, o la dedicatoria de una canción en particular a Miriam, la Novia del Liceo de ese año, o la destacada actuación de baile en la mitad de la pista de Ramón “La Concha” y Rudy “La Vieja”.

Para pedirle una oportunidad de baile a las jóvenes, desde lejos, le hacíamos señas con el dedo índice, girándolo con gracia, y de esta manera “hablarnos” sin llegar a conversar directamente con ellas; si la respuesta era negativa, debido a que ya tuviese comprometida el set, se recurría a darle dos veces la vuelta al índice para indicarle que nos cediera el segundo set, hasta conseguir el objetivo trazado. Y dábamos gracias a Dios si el que conseguíamos era cuando tocaban alguno de sus Mosaicos, como aquel Mosaico 13 que comenzaba con el tremendo bolero “No Vale la Pena” cantado magistralmente por José Luis Rodríguez, continuando con la canción “La Mora” cantada por “Cheo” García y de nuevo José Luis con aquella canción de insinuante letra, “Oui Madame”:

“y entonces yo le dije Madame,

si quiere usted conmigo, bailar

y aquel cuerpito lindo y sutil,

yo pude estrechar, con loca pasión

muy cerca de mi

su boca perfumada en champagne

se abrió, para decir no sé que

y yo, como no hablaba francés

su linda boca, besé, diciéndole

oui madame”

Momento preciso para estamparle a escondidas un tierno beso a la novia.

Terminando el Mosaico con la alegría de “El muerto se fue de rumba” cantada por el inigualable “Cheo” García.

Solo me queda recordar la vez que Vladimir bailando un bolero con su amiga, ella le pregunta algo incómoda:

Vladimir, ¿Y qué es eso que se siente en el pantalón?

Es que acabo de cobrar mi sueldo en la Farmacia “El Comercio”, de Don Teolindo Jiménez, en donde trabajo, y enrollé los billeticos y me los metí en el bolsillo del pantalón – Le replicó.

Ella se calmó, pero en el próximo bolero ella le pregunta de nuevo:

Epa Vladimir. ¿Y tan rápido te aumentaron el sueldo?

El cuento nos hizo desternillarnos de la risa esa misma noche.


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