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Simón el maestro de Bolívar

por | Nov 16, 2025 | HISTORIA

Simón rodríguez
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Existía en la Caracas Colonial un joven de 21 años, que era catalogado como muy inteligente y capaz por todos

Feliciano Palacios, abuelo de Simón Bolívar, lo contrata para que lleve la administración de sus bienes y al mismo tiempo enseñé a su nieto, las primeras letras y la gramática.

Ese joven es Simón Rodríguez

Ya el joven Bolívar ha tenido otros maestros; el joven Bello, que a sus 14 años no tuvo mucha influencia en la vida del muchacho y el Padre Andujar, que sus relaciones con el futuro héroe, no fueron íntimas ni duraron mucho tiempo.

Desde muy joven Simón Rodríguez era muy conocido y gozaba de un gran respeto en aquella sociedad aristócrata a pesar de ser un maestro pobre.

Por una disputa con su hermano, el Maestro Simón, cambio su apellido Carreño por el de Rodríguez de su madre, había visitado Europa, viajando como Grumete de un barco.

España, Francia y Alemania fueron visitadas por el joven venezolano

Conoció la Revolución Francesa y se apasiono por los preceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Pero sobre todo hubo uno de los Enciclopedistas que lo sedujo, como lo fue Juan Jacobo Rousseau y a su discípulo Simón, el otro Simón, lo haría apasionado de este libre pensador y usaría el «Emilio», para utilizar una nueva forma de educar.

Rodríguez se encarga de la educación del niño Bolívar

Poco a poco va introduciendo en el espíritu del pequeño, el pensamiento liberal, cumpliendo las normas de Rousseau en su «Emilio».

Con la premisa de no enseñar nada, actúa con gran desprendimiento, le habla sin cesar y el niño lo escucha deslumbrado y allí estaba la verdadera enseñanza y la otra mitad de esa educación, eran los juegos que resultaban ejercicios de la voluntad.

El Maestro consiguió forjar en el espíritu de Bolívar, un carácter con el método russoniano, con fijeza en el pensamiento de la Revolución Francesa.

Poco había hablado Don Simón al niño de difíciles asignaturas, estubo más abocado a saber sobre sus juegos, sus paseos y así poco a poco entre el educador y su alumno se fue desarrollando una fuerte amistad.

En las excursiones al campo le fue inculcando las más sencillas leyes naturales, lo enseña a orientarse y lo somete a ejercicios físicos para forjar su cuerpo ya que según Rousseau el cuerpo debe ser fuerte para que obedezca al alma.

Rodríguez se dedica de lleno a su discípulo y se dirigen a la Hacienda de San Mateo, en dónde se desarrollan una de las etapas más decisivas en el pequeño Simón.

En las largas caminatas hablaba a su alumno de la higiene, de la libertad , sobre los derechos del hombre, llevándolo a transitar por escritores como Plutarco o Rousseau.

También lo enseñó; ayudado por los peones de la hacienda; a cabalgar, manejar el lazo y a nadar.

Esa educación desarrollada por el Maestro Simón Rodríguez, comunicó en el muchacho, grandes capacidades que le hizo poder afrontar con éxito lo que le demandaba el futuro.

Pero desfavorablemente está educación no duró mucho tiempo, ya que para el año de 1797, fue descubierto una conspiración contra el gobierno español en Caracas y como estaba comprometido Rodríguez tuvo que huir del país.

El abuelo y el tío de Bolívar le hicieron ingresar al joven caraqueño en las Milicias de los Valles de Aragua, en dónde al año siguiente recibe el grado de Subteniente.

Pasarían los años y cuando Simón Bolívar regresa a Europa, con el dolor a cuesta por el fallecimiento de su esposa María Teresa, se entera que su antiguo maestro se encuentra en Viena y deja la vida fastuosa que lleva en París, para correr a su lado.

Este le haría comprender al joven viudo, que era una locura abandonarse al dolor y querer morir. Le enseña que existe en el hombre, otra cosa que el amor. Recomienda a su discípulo que se puede buscar la felicidad, dedicándose a la Ciencia o entregándose a una ambición.

Lo hizo reconciliarse con la filosofía y que volviera a los libros de antaño

Al pasar los años, el otro Simón; le escribiría a Rodríguez: No puede usted imaginarse como se grabaron en mi corazón los libros que me dió…. Siempre han estado en mi conciencia y las he seguido como si fuesen una guía infalible «.

El Maestro no había cesado en su esfuerzo para convertir a Bolívar en un discípulo de Rousseau, con esto logró que el futuro héroe no fuese influido por Bonaparte, inmunizándolo sobre esas ideas del Emperador.

Le propone un viaje a pie hasta el corazón de Italia y parten el Maestro y el discípulo, acompañado por un amigo; Fernando Toro; rumbo a la frontera italiana.

En esa travesía ven los tres venezolanos los acontecimientos que asolan a España: El Rey Carlos IV ha firmado la entrega incondicional de su reino a Napoleón Bonaparte y los franceses con apoyo español, se aprestan a una acción naval en contra de Inglaterra.

Los viajantes pasan por Lyon, por el Ródano, en coche, en carreta, a pie, llegan a Anneay, pasan por Chambery, hasta llegar a Turín.

En este viaje la salud mental de joven viudo va mejorando, en Milán encuentran a Fanny su Villars, que se encuentra en un viaje de placer.

La estadía en Milán, trajo en el joven Bolivar una nueva pasión, se enamoró de una joven, pero está no lo quiere para un romance , prefiere a su amigo Manzoni.

El joven viudo en el apasionamiento que lo caracteriza decía a sus compañeros de viaje; Rodríguez y Toro; que esa mujer había decidido su vida, cayendo en una depresión por unos días.

Pero se produciría un acontecimiento que sacaría al joven Simón, de su postración por el amor no correspondido y sería la entrada en Milán de Bonaparte para coronarse en su Catedral.

Los tres amigos contemplan la revista del militar francés a sus tropas en la llanura de Montequiaro, desde una pequeña meseta.

Napoleón varias veces enfoco a los venezolanos, con un pequeño anteojo, los tres amigos deciden retirarse, para evitar sorpresas del militar francés y ser acusados de espías.

Al joven venezolano le impresionaría el contraste de Emperador francés, vestido con sencillez; con un gaban, altas botas y un sombrero militar, con su Estado Mayor y las tropas francesas vestidos con un lujo exagerado.

Este hecho convenció al futuro Revolucionario de la grandeza de la gloria al ver a Bonaparte como centro de atención de un continente.

De allí; los tres viajeros; parten a Venecia, continúan por Ferrara, Lugano, Padua, hasta llegar a Florencia, dónde se quedan varias semanas.

Contemplan la majestuosidad de palacios, museos y bibliotecas, en Florencia conoce el joven caraqueño los escritos de Maquiavelo por su Maestro Rodríguez, pero poco sería la influencia del italiano en el rico caraqueño, ya que sus ideas no les satisfacen.

Llegan a Roma y visitan al Embajador español ante el Vaticano, quien los introduce a un ambiente donde se encuentran personas de la talla de Guillermo Humboldt; hermano del sabio; artistas como Rauch y Thonwaldsen, el Historiador Sismondi, damas intelectuales como Madame Stael, poetas como Lamartine y Chateaubriand, además de Magistrados y Políticos.

Los tres andantes, el 15 de agosto de 1805, subieron al Monte Sacro, Simón el joven exaltado por el recuerdo de las glorias y miserias de Roma exclama: «Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por mi honor; juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos imprimen por la voluntad del poder español.»

Ya la historia comprobaría que estás palabras no fueron producto de una pasión no contenida simplemente.

¿Sería una decisión consciente de Bolívar?

Fue la esencia de su vida, a pesar de que en ese momento sus amigos no tomaron en serio sus palabras.

Pasarían los años cuando ya Libertador, Bolívar le recordaría a su Maestro:

» Se acuerda usted cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la Patria? Ciertamente no habrá UD. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que debíamos tener.»

Rodríguez sin saberlo había puesto en la conciencia del futuro Libertador el deseo de libertar a su Patria.

Así se había sellado un destino con la ayuda de Rodríguez, el Maestro de Simón Bolívar.


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